Cuando las corrientes se convierten en sangre
cuando el amanecer no quiere despertar en mis ojos
se me vuelve la carne cobarde
se me hincha la palabra
y las manos se apuestan sudorosas
cuando los arsenales de apetitos truncados
se amontonan en la entrepierna
se me viene un orgasmo más grande aún
cuando el labio hinchado de tanto besar
se me esconde entre la lengua
se me paraliza hasta el poema
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